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Por Juan Pablo Casas

En una temporada histórica para toda Oliva, Independiente afronta una doble competencia que lo llevó a armar un equipo que le permita seguir dando pasos cortos pero seguro. La Liga Sudamericana fue el primer desafío en un año deportivo que dio comienzo con saldo positivo y ahora llegó el momento de que dar el salto a la Liga Nacional de Básquetbol, con el armado de un plantel que despierta nuevas expectativas.

Si hay algo que ha caracterizado al equipo de la provincia de Córdoba desde su llegada a la máxima categoría del básquetbol nacional es el no desesperarse y dar siempre un plus en cada temporada. Se busca siempre mejorar el rendimiento y cada acción es estudiada desde lo dirigencial y deportivo, apoyados en un cuerpo técnico liderado por Martín González, desde hace ya varios años.

A partir de allí, se mantuvo una estructura fuerte de jugadores de la versión anterior, con Felipe Barrionuevo, Fortunato Rolfi, Nicolás Marcucci, Patricio Tabarez, Agustín Pautasso, Rolando Vallejos, Enzo Filippetti y Agustín Cáffaro. A esta base, se sumaron el base Juan Martín Guerrero y el interno ucraniano AndreiGrytsak, conformando el grupo que ya logró el pasaje a cuartos de final de la Sudamericana y que espera el debut ante Ferro, este jueves en Oliva.

Independiente nunca da demasiadas muestras en la previa sobre para que está, esa parece ser la premisa siempre: trabajar y hacer las cosas en silencio, mostrando su potencial cuando la temporada comienza. Sin lugar para locuras, con paciencia y siempre con los pies en la tierra. Esta vez con una 206/2027 histórica y, por qué no, intentando mejorar lo hecho en la anterior, en donde fue un protagonista absoluto, encumbrado en la previa.

 


 

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